jueves, 31 de octubre de 2019

Un buceo a la aventura












Esto si que es un recuerdo de adolescencia... lo daban todas las mañanas en C13, se ponía la pantalla azul y salia el nombre de la serie "Bob Abrams presents: TO DIVE TO THE ADVENTURE" ... y ya me estaba preparando para disfrutar mi fetiche.



La chica en el traje azul me fascinaba, mientras mi miembro respondía alegremente a sus sensuales movimientos en lo profundo del mar.... en esos años podía eyacular intensamente y más de una vez.

Extraño esos documentales, ya no los dan y nunca he podido encontrarlos en la red, una pena.
Sólo tengo  un compendio pero no todos los capítulos, ojalá alguien los tuviera y recordar viejos tiempos.

Priscilla Presley









Por ella me gusta el ncolor azul en sus trajes, sea swimsuit, lycra, neoprene.... 💗💗💗💗

miércoles, 30 de octubre de 2019

El inicio de mi placer



Hace un tiempo, me preguntaron cómo inició mi placer o fetiche, pues desde hace muchos años atrás, era un nene, y vi un documental sobre las buceadoras ama, o sirenas que recolectaban abulón, pulpos y erizos desde el fondo del mar... sentí cosas raras a mi edad, y cuando crecí comprendí que lo que sentí en ese momento fue una fuerte excitación.

Ya más adolescente me puse a investigar, leer sobre mi nuevo interés, la mujer buceadora... al ir descubriendo mi sexualidad, mis placeres se unieron al ir descubriendo imágenes, documentales, todo acerca de esas mujeres que encontraba tan sensuales, tan profundas e intensas, más de alguna me hizo acabar intensamente...

Pasando la veintena y con el acceso a las redes pude documentarme mucho mejor, compré un computador y me conecté desde mi casa, y se abrió un mundo de placer fetichista muy intenso, no estaba solo, eramos cientos!, y pude compartir imágenes y videos que iba descargando de las redes, y foros de la red.

Creí que no podría compartir esto con alguna pareja pero sí pude un par de veces, y puedo decir que es un juego muy excitante y orgásmico, el poder dejar un registro de ello (y que guardo celosamente) es una prueba de ello.

Ahora más viejo y sabio puedo decir que fueron y son años muy placenteros, y estoy feliz de que esto siga.

Imagen 1: Nunca supe quien era hasta que me enteré, se llama Anita Hemmings y desde que vi esta foto hace muchísimos años tuve sensaciones algo "duras" jajaja, ergo,  las cazasub me encantan.

Imagen 2: Así me gustan las Ama y Haenyeo, o desnudas o semidesnudas.

Nunca lo hagas....

Isabel, nunca bucees sola


Viernes 26 de julio, doce y media de la mañana, Isabel acaba de fijar  el regulador en la grifería de su botella y se sitúa en la borda de  su pequeña lancha para colocarse el equipo ligero. No es la primera vez que acude a ese lugar, escasamente frecuentado por otros pescadores submarinos a algo más de una milla del puerto, pero sí la primera vez en su vida que va a utilizar botella para pescar, aún a sabiendas de que esta prohibido. La pasada semana logró ver un formidable mero de más de cuarenta kilos en una cueva a dieciocho  metros de profundidad y desde entonces no se lo ha podido quitar de la cabeza. Nunca, en sus más de doce años de experiencia como cazasub, ha cogido un pez de tal calibre y no esta dispuesta a dejar pasar la ocasión. Isabel es una experta buceadora y la práctica de ambos deportes le han dotado de un cuerpo espectacular que despierta la admiración tanto de hombres como de mujeres. Estatura media, esbelta, de larga cabellera negra azabache, atlética, con unos pechos y unas caderas que gusta y sabe lucir en todo momento, lleva en este momento un minúsculo bikini de color negro que realza aún más su espléndida figura y a duras penas puede contener su exuberante pecho, el cual parece aun más firme cuando se coloca el arnés que sujeta la máscara.

Tras un breve instante para comprobar la presión en el manómetro, Isabel se arroja por la borda de espaldas al agua, notando de inmediato la frescura del Mediterráneo en su bronceada piel e iniciando con calma el descenso a las profundidades en busca de la cueva. Normalmente Isabel suele utilizar un traje corto de neopreno para pescar, pero en esta ocasión, no sabiendo muy bien porqué, ha decidido prescindir de él.

Al cabo de unos minutos alcanza la boca de la cueva donde vio la preciada pieza. La cueva tiene todas las características típicas de la zona, boca estrecha, tubo largo con recovecos y comunicación con otras cuevas, en definitiva, un laberinto muy peligroso para quien se adentra más allá de lo debido. Isabel lo sabe bien y tiene especial cuidado, no dejando en sus incursiones nunca de vista la salida de la cueva. Nada más llegar a la boca, Isabel se sitúa en la parte superior izquierda de la misma, oculta tras unas rocas, al objeto de no denotar su presencia al mero. Una vez cerciorada que el pez no esta a la vista, coge la linterna con la mano izquierda, la enciende y, empuñando con la otra el arpón, se adentra sigilosamente en la cueva. Nada más entrar, a unos tres metros divisa el mero. Grande, imponente, casi majestuoso, dando la espalda a Isabel quien, no pudiendo creer en su buena suerte, apunta cuidadosamente y dispara, acertando de pleno en la cabeza del mero. Este, sorprendido y rabioso tras sentirte herido, de un fuerte coletazo se adentra en la caverna, cegando momentáneamente toda visión por culpa de la arena del fondo.

Isabel, sin dudarlo, consciente de lo letal del disparo y excitada por la captura, se lanza en busca de la presa a toda velocidad. De repente, sin darse cuenta se ve detenida bruscamente por un fuerte golpe que la arroja contra el fondo de la cueva. Ésta se estrecha de tal modo que impide el paso de la buceadora con la máscara. Isabel tras percatarse de ello, duda un momento, pero tras ver al animal herido al fondo del túnel, en una especie de cámara que forma un ensanchamiento de la cueva, se decide. Retrocediendo hasta la entrada, se despoja de la botella y, después, de inspirar profundamente en un par de ocasiones, se adentra por el túnel con cuidado. Isabel tiene muy buena apnea, cercana a los tres minutos, por lo que no ve especial dificultad en sacar la pieza hasta la boca de la cueva.

Una vez dentro de la cámara, Isabel se acerca al mero, el cual no da señales de vida, quieto en una esquina y, agarrándolo por el arpón, se da la vuelta con el en busca de la salida. El animal es más grande de lo que creía en un principio, lo que la hace sonreír, llena de gozo a pesar de que su desplazamiento es más costoso de lo en un principio preveía. De repente sucede algo inesperado. En medio del túnel el arpón se clava en la pared, haciendo girar a la presa que lleva delante de sí y taponando por completo el túnel. Al percatarse de ello, Isabel suelta el arpón y se dirige a coger la cola del animal cuando éste, de modo espasmódico comienza a coletear con una fuerza tal que obliga a la buceadora a retroceder hasta la cámara.

Repuesta de inmediato de la sorpresa, observa con horror que la salida esta bloqueada por un ser monstruoso que parece haber recobrado vida con la aviesa intención de matarla como justo castigo por haberle arponeado. En un momento debe decidir sí insiste en salir por el túnel o buscar otra salida de la cámara que conduzca al exterior. Apremiada por la angustia, Isabel, en un rápido ademán lleva la mano a la pantorrilla en busca del acerado cuchillo que siempre lleva consigo en sus inmersiones de pesca. Tras asirlo fuertemente, carga contra el monstruo que, boqueando de manera siniestra le espera en el túnel.

Dos, tres, cinco puñaladas..., el animal es inmune a cuantos esfuerzos hace Isabel por alcanzar la botella y permanece allí, en el túnel, sangrando y boqueando mecánicamente; parece entender que su agresor está próximo a morir. Y no se equivoca; Isabel, con un rictus que mezcla miedo y dolor, nota que sus pulmones están ardiendo.

Desde que inspiró su última bocanada han transcurrido cerca de dos minutos y el esfuerzo y la angustia le exigen con urgencia aire. Desesperada, dando por inútil la batalla, Isabel vuelve a la cámara en busca de otra salida y empieza a recorrer con la linterna todos los recovecos de la misma, hasta que detecta un hueco similar al que ahora  tapona su presa. Notando las primeras contracciones de su vientre musculado, se lanza a través del hueco, en un intento desesperado por salvar su vida. No sabe que encontrará a la vuelta de cada recodo pero sabe que, sí no encuentra allí la salida de la cueva, se ahogará inexorablemente.

Las contracciones se hacen cada vez más intensas y Isabel aprieta los dientes con más fuerza para no ceder a su deseo de abrir la boca en busca de un aire inexistente. Todo su cuerpo está lleno de arañazos por los golpes que se va dando mientras avanza por la cada vez más angosta cueva cuando, a lo lejos, logra divisar una pequeña luz. En el límite de sus fuerzas, Isabel logra alcanzarla y ¡gracias a Dios, es una salida!. Sin pararse a ver donde puede estar su máscara, la joven, nada más salir de la cueva, aletea furiosa buscando la superficie. Son unos largos dieciocho metros, quizás demasiados para las exiguas fuerzas de Isabel. Braceando sin control, aún le quedan ocho metros cuando, sin poder ya más, Isabel abre la boca para respirar, tragando mucha agua. Sus pulmones se revuelven dentro de su pecho de manera enloquecida, amenazando con estallar como las venas de su cuello. A punto de perder el conocimiento, Isabel logra, por fin, llegar a la superficie con la suerte, tan esquiva hasta ahora, de salir junto a su embarcación y poder asirse al cabo del ancla. Tumbada boca arriba sobre la cubierta de la motora, Isabel lleva  más de una hora mirando al cielo sin saber muy bien cual va a ser su siguiente paso. Hay algo que sí tiene claro y que en el futuro nunca olvidará: no volverá jamás a bucear sola.


 

Mrs Rub






























Hace unos años tenia estas imágenes de la bella Rubaquagirl, ya desaparecida de las redes, hasta el momento no ha podido ser imitada.