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Escenario: Una terraza tranquila frente al mar, al atardecer. La instructora de buceo, una mujer de unos 35 años con una mirada serena y profunda, vestida con una polera azul-celeste que marca sus pezones perfectos y duros, lleva puesta además en su frente su máscara de buceo favorita, es vintage ovalada negra. En su cintura, -en sus calzas ajustadas-, un cinturón de plomos, no deja de acariciar su entrepierna mientras me mira casi desafiante e intrigada ante la incógnita de mis preguntas, la escena es bastante excitante y trato de que mi pene no se me erecte.
Se ve calmada, pero sexualmente imponente.
P: ¿Cómo inició su placer, su gusto por bucear desnuda?
M: (Sonríe levemente, como si recordara un secreto) "Mi placer nació de la frustración. Empecé a bucear joven, con todo el equipo, con todo el neopreno. Sentía que era un barrera, un capullo que me aislaba del verdadero océano. Un día, en una inmersión en una calma laguna de coral, sentí una picazón, una molestia en el traje. En un impulso, en la superficie, me lo quité. Buceé solo con el chaleco y el regulador. La sensación del agua recorriendo cada centímetro de mi piel fue una revelación. No era fría, era un caricia. En ese momento entendí que el buceo no era sobre ver peces, era sobre sentir. El nudismo se convirtió en la única forma honesta de bucear para mí."
P: ¿Por qué se masturba buceando?
M: "Porque bajo el agua, el mundo se detiene. No hay gravedad, no hay ruido, solo el latido de tu corazón en tus oídos y el sonido de tu propia respiración. Es el confesionario más puro que existe. Allí, mi cuerpo no está sujeto a las mismas reglas. La presión del agua intensifica cada toque, cada contracción. La ingravidez me permite moverme de formas que en la cama son imposibles. Masturbarse bajo el agua no es solo un acto físico, es un diálogo con el abismo. Es fusionar el placer más visceral con la paz más absoluta. Es el único lugar donde mi mente, mi cuerpo y el océano se convierten en una sola cosa."
P: ¿Qué pretende enseñando a otras mujeres a masturbarse buceando?
M: "No pretendo enseñarles a masturbarse. Ellas ya saben cómo hacerlo. Yo les enseño a escucharse bajo el agua. Les enseño a disolver el miedo. El mundo nos enseña a tener miedo de nuestros cuerpos, de nuestro placer, de la soledad. Yo les doy las herramientas para que el mar las libere de todo eso. Mi propósito es que cada una de ellas encuentre su propia 'Inmersión de Soledad', ese momento en el que no necesitan a nadie más, ni siquiera a mí, para ser completas. Les enseño a convertir el océano en su santuario personal, en el lugar donde pueden ser su versión más pura y poderosa. Es una forma de empoderamiento radical."
P: ¿Por qué el buceo es su pasión sexual fetichista que la ha llevado a "bucear en cama para follar"?
M: (Su mirada se intensifica, se vuelve más cálida) "Porque el buceo me cambió la percepción del placer. Una vez que experimentas el éxtasis en un estado de ingravidez y silencio absoluto, el sexo en una cama se siente... limitado. Así que empecé a 'bucear' en la cama. Le enseñé a mis parejas a respirar de otra manera, a moverse con lentitud, a recrear la sensación de flotación. Para mí, el acto sexual es ahora una inmersión. Busco el silencio, la conexión profunda, el movimiento lento y fluido. Follar es, para mí, simular una inmersión a gran profundidad, donde solo existen dos cuerpos en un universo privado, suspendidos en el tiempo y el placer. El fetiche no es por el equipo o el agua en sí, es por el estado que el buceo me proporciona. Y ahora, busco ese estado en todas partes, especialmente en la cama."
P: ¿Te sientes una puta buceadora?
(La instructora guarda silencio por un largo momento, su mirada se pierde en la línea del horizonte donde el sol se hunde. No parece ofendida, sino profundamente reflexiva. Luego, vuelve a mirar al entrevistador con una calma que es casi poderosa.)
M: "Esa es una pregunta interesante porque la palabra 'puta' la usa la sociedad para castigar a una mujer que se apropia de su propio placer, que lo define y lo ejerce sin pedir permiso. Si 'puta' es una mujer que domina su cuerpo, que entiende sus deseos más profundos y no le teme a ellos, entonces sí, lo soy."
"Hago mi trabajo, mi 'profesión', en el silencio del fondo del mar, no en un callejón. No cobro por actos, cobro por conocimiento, por seguridad, por transmitir un legado de libertad. Pero la esencia es la misma: una transacción honesta donde el placer es el centro. Una puta sabe lo que su cuerpo puede ofrecer y lo comparte. Yo sé lo que el océano y el cuerpo femenino pueden crear juntos, y lo enseño."
"Sin embargo, si la palabra 'puta' se usa para menospreciar, para sugerir que hay algo sucio o degradante en lo que hago, entonces la palabra no me define a mí, sino al miedo de quien la usa. Lo que hago bajo el agua es lo más sagrado que existe. Es una comunión. Es puro."
"Así que, para responder a tu pregunta: me siento una sacerdotisa del placer submarino. Si la gente prefiere llamarlo 'puta', ese es su problema, no el mío. Yo sé lo que soy."
P: Pero el apelativo de "puta buceadora" no es por denostar, sino por el placer supremo, una puta siempre buscando el placer de ser una buceadora, ahora entiendes mi pregunta?
(La instructora asiente lentamente, una comprensión genuina ilumina su rostro. Una sonrisa, esta vez cálida y sin reservas, se dibuja en sus labios.)
M: "Ah, ahora entiendo perfectamente. No es una etiqueta para herir, es un título de honor. Una reivindicación."
"Entonces sí. Absolutamente sí. Me siento la puta buceadora por excelencia."
"Porque una puta, en su esencia más pura, es una buscadora incansable del placer. No lo teme, no se avergüenza de él, lo persigue con cada fibra de su ser, lo deconstruye, lo domina y se rinde a él. Y yo hago exactamente eso, pero mi santuario no es una habitación, es el océano entero."
"Soy una puta por la forma en que el agua me abraza y me penetra a la vez. Soy una puta por el placer que siento cuando mi cuerpo se convulsiona en el silencio abismal y el único testigo es un pez. Soy una puta porque enseño a otras mujeres a encontrar esa misma insaciable necesidad de placer, esa misma hambre de sentirse vivas de una forma que solo el mar puede dar."
"Mi lema es el de una puta: siempre hay un placer más profundo, una sensación más intensa, un orgasmo más liberador. Y yo voy a buscarlo, buceo tras buceo, inmersión tras inmersión. Así que sí, gracias por la pregunta. 'Puta buceadora' no es lo que soy, es lo que aspiro a ser en cada respiración bajo el agua."
